Textilería
Mapuche,
Arte de Mujeres
por Angélica Wilson A
TEXTILERIA MAPUCHE, ARTE DE MUJERES
Angélica Willson A.
Ediciones CEDEM, Colección Artes y Oficios Nº3
CENTRO DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO DE LA MUJER
Purísima 305, Santiago de Chile
Fono /Fax 777 2297
ISBN 956?7236?01?1
Indice
Presentación
I. Una mirada al pasado
II. La tradición oral y el origen del hilado
III. El aprendizaje de lo femenino: tejedora y mujer
IV. El «habla» de los tejidos
V. Vocabulario de términos en mapudungu
Edición
PRESENTACIÓN
Las mujeres mapuche, día a día
van urdiendo en la memoria y bordando en sus tejidos la historia
de un pueblo que se niega a desaparecer. Nacen de estas manos
femeninas imágenes tutelares, plantas, flores y animales
en una secuencia donde pasado Y presente se conjuntan para dar
continuidad a una cultura que se expresa en la magia y colorido
de sus tejidos.
Por medio de este libro, el Centro de Estudios
para el Desarrollo de la Mujer (CEDEM) y la Casa de la Mujer
Mapuche, se proponen dar a conocer el arte textil y mediante
ese gesto, apoyar la valoración de una manifestación
cultural que pervive gracias a la creatividad y al trabajo de
las mujeres.
Este texto y sus fotografías han sido
posibles gracias a la colaboración y a las conversaciones
sostenidas con las mujeres de Chihuimpilli, Cudihue, Llamaico,
Añilén, Dehuepille, Roble Huacho, Collahue, Chomío,
Paillanao, Tromeñelo y Pailahueque, tejedoras incansables
que han resguardado la sabiduría de este oficio.
Finalmente, deseo agradecer a Margarita Painequeo,
Rosa Cabrera y Carolina Manque por sus valiosos relatos. A Rosa
Rapimán y Pilar Guzmán por su colaboración
en terreno. A Sonia Montecino por su apoyo constante a este
trabajo y por la corrección del manuscrito. A mis colegas
del CEDEM, especialmente a Ximena Valdés. A Francesca
Lombardo, Angélica Ropert y Angel Cabeza por su estímulo
en la escritura de este texto. Al profesor Gilberto Sánchez,
por la corrección del glosario. Al Museo Regional de
la Araucanía y a Ruperto Vargas, por haber facilitado
las colecciones textiles para ser fotografiadas.
I. UNA MIRADA AL PASADO
La tradición textil mapuche tiene sus
orígenes en el período Precolombino. Desde las
primeras crónicas y escritos coloniales, encontramos
descripciones que dan cuenta tanto de la forma de vestir de
los indígenas de Chile, así como de las técnicas
y procedimientos empleados en su hechura. Por ejemplo, el cronista
González de Nájera refiriéndose al trabajo
realizado por las mujeres mapuche lo describe así: «Sus
ejercicios son hilar y tejer lana de que visten en telares que
arman de pocos palos y artificio. Dan con raíces a sus
hilados todos colores perfectísimos, y así hacen
los vestidos de varias listas, el negro para el cual no tienen
raíces, lo dan muy bueno, cociendo lo que han de teñir
en cieno negro repodrido».
La actividad textil estuvo exclusivamente en
manos de las mujeres, fueron ellas las encargadas de vestir
a su pueblo y proveer el abrigo familiar. Tejieron una gran
variedad de productos como parte de la vestimenta cotidiana
y también de uso ritual. Alonso de Ovalle cuenta: «...ni
aún usan de aforros en ninguna de las piezas de que usan,
ni ponen una debajo de otra. El calzón llega a besar
la rodilla... abierto y suelto como calzón de lienzo
y está inmediato a la carne, porque no usan camisa. El
cuerpo lo visten con la que llamamos camiseta y ellos macuñ,
que va también inmediata, y no es otra cosa que hasta
una vara y media de tela de lana, hecha una abertura en medio,
a la larga, tan grande cuanto basta para entrar por ella la
cabeza, y ceñida luego por la cintura con una cinta o
cordel, sin que tenga otra hechura o artificio; como tampoco
le tiene la manta que corresponde a la cama y llaman choñi,
de que usan cuando van fuera de casa...»
Respecto de la indumentaria usada en los rituales,
el mismo cronista nos dice: «En sus fiestas, bailes y
regocijos, aunque no añaden más vestido, se mejoran
en la cualidad dél, porque guardan para estas ocasiones
los vestidos de mejores colores y variadas listas y de más
finas lanas y más costosos tejidos... En la cabeza se
ponen en estas ocasiones unas como guirnaldas, no de flores
sino de lana de diversidad de colores muy finos, en que ponen
a trechos hermosos pájaros y otras curiosidades de su
estimación...
Durante este período, las mujeres mapuche
desarrollaron técnicas de hilado, tejido a telar y métodos
tintóreos con vegetales. El incremento de esta «industria«
textil estuvo vinculada a otras actividades económicas,
como domesticación de camélidos y tareas de recolección,
las cuales proveyeron de las materias primas esenciales para
la producción textil, destinada básicamente al
autoconsumo familiar . En su factura, se utilizaron instrumentos
simples como el huso y el telar y dieron a sus tejidos formas
sencillas y sin gran ornamentación, salvo la vestimenta
de tipo ritual que presentaba una mayor variedad de diseños
y colorido.
Algunos especialistas interesados en el origen
y desarrollo de la textilería mapuche, han establecido
comparaciones de las formas, diseños y coloridos de esta
producción, con textiles provenientes de culturas vecinas
que habían alcanzado un mayor grado de perfeccionamiento.
Como resultado de estas indagaciones, se sostiene que la textilería
mapuche habría recibido influencias de la cultura Tiahuanaco,
posteriormente de la cultura Inca y también de las culturas
regionales de la zona norte de nuestro país . De este
modo, la incorporación y reelaboración de elementos
foráneos son parte de un mismo proceso, a través
del cual este pueblo logró marcar un sello y un estilo
cultural que se expresa en las singularidades de su tejido.
Precisar el grado de influencia que ejercieron
estas culturas en la textilería mapuche no es tarea fácil.
Sin embargo, existe consenso que su crecimiento estuvo fuertemente
vinculado al contacto con los españoles.
La oveja traída por los conquistadores
a nuestro territorio y tempranamente adoptada por los mapuche
se constituyó en la fuente de materia prima esencial
para la producción textil, reemplazando completamente
a la antigua lana de chilihueque (lama guanacoe o guanaco),
camélido criado en pequeños piños, lo cual
impidió un mayor incremento de la actividad textil. El
cronista González de Nájera expresa: «Sólo
había en aquel reyno una suerte de carneros... a que
comúnmente llaman los nuestros ovejas de la tierra...
Hay pocos destos carneros, por lo que no los tienen a manadas,
criánse con regalo: aprovechánse los indios de
su lana para vestirse...» . De este modo, la introducción
de la oveja y la adaptación de elementos culturales provenientes
del español, marcaron el inicio de lo que fue esta actividad
en siglos posteriores.
Durante la colonia, la textilería mapuche alcanzó
su máximo desarrollo: se perfeccionan las técnicas
y aumentan los volúmenes de producción. El arte
textil se vio favorecido porque no sólo se orientó
al autoconsumo, sino también al comercio e intercambio
permanente con los españoles. Para ponderar la magnitud
que alcanzó esta actividad nos valdremos de un relato
de Molina: «... los campesinos españoles del Maule
recibían en los tiempos antiguos más de 40.000
ponchos al año. Estos ponchos y los demás se recogían
por intercambio de mercaderías en Arauco...
Es importante destacar que el comercio e intercambio
con los españoles, siempre se dieron dentro de un marco
de relaciones fronterizas. Una característica de este
período es el rechazo, pero también la adopción
de elementos foráneos, los cuales fueron utilizados para
el desarrollo de su propia «industria« textil, que
adquiere una gran relevancia dentro del marco económico
de la época, pues posibilitó el acceso a otros
bienes no producidos por la etnía.
1 González de Nájera,
Alonso, Desengaño y reparo de la guerra del reyno de
Chile, Santiago, Chile, Editorial Andrés Bello, 1968,
p.47.
2 Ovalle, Alonso de, Histórica relación de¡
reyrio de Chile, Santiago, Chile, Editorial Universitaria, 1969,
p.113.
3 Ovalle, Alonso de: op.cit, p.113.
4 CE Zapater, Horacio, Aborígenes chilenos a través
de cronistas y viajeros, Santiago, Chile, Editorial Andrés
Bello, 1978.
5 Cf. Cervellino, Miguel, «Tejido mapuche proceso de hilado,
tejido y teñido en base a colorantes vegetales, en Revista
Muchi 10, Santiago, Chile, Comité Nacional Chileno de
Museos, p.6?25.
6 González de Nájera, Alonso: Op.cit p.30.
7 Citado en: Latcham, Ricardo, y Oyarzún, Aureliano,
Albuin de tejidos y alfarería araucana, Santiago, Chile,
Imprenta Universo, 1929.
II. LA TRADICIÓN ORAL Y EL ORIGEN DEL HILADO
La tradición oral, es la forma más
antigua por medio de la cual distintos pueblos han transmitido
a las nuevas generaciones aspectos importantes de la existencia
humana, de su historia, costumbres y tradiciones. Veamos cómo
la tradición oral mapuche se refiere al origen de la
textilería.
«Un día, una chiquilla lavaba mote
en el río, llegó un viejo y se la robó;
se la llevó para sus tierras. Se casó el viejo
con la chiquilla. Dicen que le dijo: «Me voy para la Argentina,
cuando vuelva yo, me tienes que tener toda esta lana hilada«.
Se fue el hombre y la niña quedó llorando ¡cuándo
sabía hilar! llorando allegadita al fogón y en
eso el choñoiwe kuzé, el fuego vieja, le habló:
«No tienes para qué afligirle tanto yo voy a llamar
a lalén kuzé para que te ayude«. Al ratito
apareció, bajando por el fogón la Araña
Vieja y le dijo a la chiquilla: «tienes que hacerlo como
yo, mírame y aprenderás a hilar».
Así que pasaron los días, cuando llegó
el hombre, las lanas estaban hiladas.
Lalén Kúzé todas las noches fue a ayudar
a la niña y juntas terminaron el trabajo«.
En este relato, podemos apreciar cómo
una parte del trabajo textil se vincula con el ámbito
de lo sagrado y con el sentido religioso de la sociedad mapuche.
La sabiduría es un don que entrega Chao Ngenchén
(Dios) a los humanos, pues todas las expresiones de la vida
están apoyadas por él. Este vínculo está
representado por dos deidades femeninas tutelares, el «fuego
vieja» y la «araña vieja« quienes entregan
este saber a la mujer joven.
También, nos remite a un orden social, donde existe una
división sexual del trabajo: las mujeres dentro de la
sociedad mapuche serán las encargadas de facturar el
tejido de su pueblo. Nos habla de la existencia de reglas de
matrimonio, donde la unión de la pareja se realiza a
través del «rapto« de la novia: la mujer
será arrancada de su comunidad natal para ir a vivir
a la tierra del esposo. Una vez allí, deberá demostrar
que sabe ejecutar los trabajos que corresponden a su sexo.
Respecto a la forma de aprendizaje, ésta
nos remite a los antiguos sistemas de enseñanza vernacular
basados en la imitación gestual; las ancianas y las mujeres
adultas serán el referente que tendrán las jóvenes
para alcanzar los atributos femeninos. Así, la vejez
representa la sabiduría, los ancianos son respetados
y valorados, a través de ellos se establece una continuidad
entre pasado y presente.
III. EL APRENDIZAJE DE LO FEMENINO: TEJEDORA Y MUJER
El aprendizaje de la textilería, dentro de la
cultura mapuche actual, ocupa un lugar importante en el proceso
de socialización femenina. Las mujeres desde pequeñas,
aprenderán las artes y trabajos que su sociedad ha asignado
para ellas desde tiempos inmemoriales. De abuelas a madres e
hijas, se va transmitiendo una sabiduría que es el legado
de antiguas generaciones, y que ha permitido la continuidad
de una tradición cultural que identifica a los mapuche
y en particular a sus mujeres, por ser éstas las artífices
de esas creaciones.
De este modo, recae sobre ellas la vital tarea de hacer el
tejido para vestir a su pueblo, proveer del abrigo familiar
y generar ingresos para las «faltas« . Así,
dar vida y protegerla son aspectos que van indisolublemente
unidos a la existencia de las mujeres.
Aprender a hilar, conocer las técnicas del teñido
y del tejido, son conocimientos que deben ser internalizados
por las mujeres para cumplir cabalmente con los atributos femeninos.
Por lo tanto, será una preocupación familiar que
las hijas estén preparadas para el trabajo y que en el
futuro sean «buenas tejedoras«. Esta inquietud se
manifiesta a través de la realización de prácticas
mágicas asociadas a la cosmovisión y a los mitos
de origen de la textilería: poner telas de araña
alrededor de la muñeca de la mano de las niñas,
o bien pasarles pequeñas arañas sobre la palma
de la mano para que sean buenas hilanderas. Estos ritos se realizan
en el momento del nacimiento, infancia o adolescencia de una
mujer y tienen por objeto facilitar el proceso de aprendizaje.
Para entender el sentido más profundo que tienen estas
prácticas mágicas, escuchemos el siguiente relato:
«Mi mamá contaba que antes a la mujer mapuche
le colocaban una lanita que se encuentra en un árbol
-me parece que es hualle-, es una lanita especial, está
en las montañas; pero la encuentra sólo la que
tiene suerte, es una lanita bien finita. De guagüitas a
las niñas mapuche le envolvían la muñeca
de la mano, entonces ellas iban a ser como arañas para
hilar o para tejer, salían expertas en tejido. Yo le
decía a mi mamá, que por qué no me buscaba
una, que por qué no me buscó cuando era guagüita.
Yo soñé que iba a hilar algún día;
pero pensaba que iba a ser más lenta porque no me puso
la telita. Ella me decía: «Ya de grande es difícil,
de guagüita es bueno, hay que buscarlo en el monte, es
un poco difícil; pero se encuentra«.
(Margarita Painequeo, Temuco, 1988)
Durante la etapa de aprendizaje, los sueños también
van a jugar un rol importante. El vínculo que se establece
entre lo humano y lo divino a través de los mensajes
oníricos tendrá múltiples significados:
estos pueden ser reveladores en el sentido que a través
de ellos Ngenchen (Dios) entrega sabiduría, o premonitorios
de cómo las mujeres van a realizar el oficio. Por ejemplo,
Rosa Rapimán expresa:
«Soñé que iba un hombre subiendo por una
montaña, iba con una manta cacique. Además llevaba
un trarilonko (cintillo) igual ¡y se veía tan bonito!
que yo decía: igual puedo hacer esa manta. Yo pienso
que Dios me dice que yo no tengo que quedarme con lo que sé
no más, si . no seguir creando y viendo. Yo pienso que
Dios transmite cosas por intermedio de sueños, porque
creo que uno es predestinado; por ejemplo, en mi casa no querían
que yo estudiara esa especialidad de tejidos y yo sola no más
lo hice«.
Así, las mujeres mapuche desde pequeñas se muestran
interesadas en aprender el arte del tejido; para ello tendrán
como referente a las mujeres adultas de su familia y poco a
poco irán imitando y reproduciendo los gestos de este
complejo entramado. La observación y la práctica
cotidiana, incorporándose a tareas menores de preparación
de la lana, marcarán el inicio de este proceso de aprendizaje.
En cuanto a la forma en que las mujeres logran el conocimiento
y aplicación de las distintas técnicas y procedimientos
textiles, existen dos modalidades. La primera, consiste en la
observación cotidiana de las labores de hilado, teñido
y tejido que realizan su abuela, madre o hermanas mayores y
es lo que comúnmente ellas denominan «aprender
mirando«, porque sólo en algunas ocasiones recibe
la ayuda o guía de parte de alguna de sus parientes.
Un aspecto importante de esta forma de aprendizaje son las «prácticas
escondida? que realizan las niñas mapuche, que consisten
en ensayar en el telar de la madre o en pequeños telares
improvisados que ellas mismas construyen en lugares donde no
las vean. Rosa Cabrera Manquecura relata:
«Yo aprendí mirando a mi mamá, mi mami
siempre tejía, hilaba. Yo aprendí a hilar primero
a la escondida, sacábamos lana nosotras para aprender..
cuando salíamos a cuidar animales empezábamos
a hacer los telares nosotras entre las hermanas...«
En el segundo caso se recurre a la enseñanza especializada
de una maestra o ñimife. Estas maestras, generalmente
son mujeres adultas o de avanzada edad que se destacan dentro
de su comunidad por sus habilidades como tejedoras y por su
disposición para enseñar. Para acceder a la enseñanza
de una ñimife, es necesario convenir con anterioridad
la forma de pago y el modo en que ésta se realizará:
si será un sistema de internado o un traslado diario
por el lapso de una o dos semanas a la casa de su maestra. En
ambos casos, la joven debe llevar preparados todos los materiales
requeridos y sus propios instrumentos textiles. Una vez allí,
se incorpora a los quehaceres cotidianos de su maestra, para
luego acceder a sus enseñanzas. El método empleado
por la ñimife, consiste en la aplicación práctica
de los conocimientos. Es decir, va elaborando un tejido y la
joven lo realiza paralelamente en su telar. La maestra la guía
y sigue atentamente todo el proceso de aprendizaje, el cual
finaliza cuando la joven logra confeccionar un muestrario o
una prenda tejida con la técnica de su maestra. En ese
momento se debe realizar el pago a la ñimife, el cual
puede ser en dinero o en especies.
En relación a esta forma de enseñanza, es común
escuchar a las jóvenes decir que las ñimifes «son
mañosas« y que tienen poca paciencia. Al parecer,
aprender los conocimientos de la maestra siempre es un tránsito
«doloroso« donde las jóvenes se sienten afectadas
por el trato riguroso que ésta les da. Por ello, es importante
que las aprendices tengan ciertas cualidades personales que
faciliten este aprendizaje, como por ejemplo: haber visto tejer
cuando niñas, tener «buena cabeza« (capacidad
para memorizar las técnicas y los diseños). En
caso de no poseer estas cualidades, se puede recurrir a ciertos
remedios que ayudarán a mejorar la memoria. María
Curinao cuenta lo siguiente:
«algunas no sabe nada, cuesta mucho para tejer, se da
remedio para que aprenda altiro. Para que no se olvide nada,
hay un lawen (remedio) de eso cardal, ese que da florcita, ese
se lo toma y ahí no se le olvida más el tejido.
A mi me costó mucho para aprender, mi mami lo hirvió,
tomé una taza y no olvidé más.«
En ambos casos, la aprendiz va a desplegar toda su capacidad
para observar y memorizar las técnicas y diseños;
aprenderá a reconocer las cualidades tintóreas
de las plantas, utilizará los elementos que entrega la
naturaleza y los hará renacer a través de sus
tejidos. La primera prenda tejida por ella, será un paso
importante para entrar a la vida adulta, demostrará que
sabe trabajar y que puede valerse por sí misma. En el
plano económico, la venta de su primer tejido la hará
incursionar en el mercado, transar sus productos para conseguir
ingresos que permitan obtener las «faltas« para
el grupo familiar.
El desarrollo de la actividad textil contempla una serie de
etapas sucesivas, que van desde la obtención y preparación
de las materias primas, siguiendo con el hilado, teñido
de las lanas, hasta llegar a la etapa final de tejido.
En este proceso intervienen aspectos importantes de la creatividad
femenina, que van más allá de la aplicación
práctica de ciertos conocimientos técnicos. Eso
se manifiesta en la forma particular en que cada artesana selecciona
la técnica de tejido que va a utilizar, y a través
del modo en que une y combina los distintos diseños y
coloridos. Para ello, la artesana crea un modelo mental de su
tejido que le sirve de referente en la ejecución de las
distintas etapas del trabajo. Este ejercicio mental y creativo,
se sustenta en la existencia de una tradición textil
que actúa en la memoria de las mujeres como depósito
de conocimientos o matriz común, desde la cual emergen
infinitas creaciones.
De este modo, encontramos que las técnicas, instrumentos
y procedimientos utilizados por las mujeres mapuche en el proceso
de producción textil, son los mismos. Sin embargo, cada
tejido denota ciertas particularidades impresas por su realizadora,
asociadas a la «especialidad« textil que posee,
tanto en términos del dominio de una técnica y
de la estética de su tejido, así como, del tipo
de prenda que prefiere tejer.
Si observamos las distintas etapas del proceso textil, podemos
darnos cuenta que entran en juego otros aspectos importantes
de la existencia de las mujeres que se vinculan a una cosmovisión
específica, donde todas las acciones de la vida están
integradas. Por ejemplo, es común escuchar a las mujeres
decir que han soñado, o que le cantan y rezan a su tejido,
para que les salga bien, para que quede bonito, para tener suerte
en la venta. Margarita Painequeo lo expresa así:
«Mi mamá contaba que cuando la tejedora se ponía
a tejer, lo hacía así cantando, tenía una
canción para tejer. que Dios quiera que le resulte bien
-pero todo en una melodía de canción-. Siempre
las abuelitas lo hacían así, se ponían
a cantar tejiendo.«
A través de estos relatos, podemos darnos cuenta que
con el solo hecho de realizar un tejido, entran en juego otras
aspectos de la vida como lo religioso, lo económico,
lo social y lo cultural.
9 «Faltas«, denominación
que se usa para referirse a los productos de primera necesidad,
que no son producidos por el grupo familiar.
IV. EL «HABLA« DE LOS TEJIDOS
Para comprender el significado y el sentido estético
involucrado en los tejidos mapuche, es importante tener en cuenta
que la combinación de formas, diseños y coloridos
que adornan las distintas prendas, aluden a un modo de expresión
propio y a la existencia de un «lenguaje« a través
del cual se establece un diálogo entre sus creadoras
y los miembros de su sociedad. Respecto a la forma en que ese
mensaje es decodificado por los individuos que pertenecen a
esa cultura, es posible encontrar múltiples interpretaciones,
que emergen desde una matriz común.
Por ello, conocer el mensaje o dungu contenido en los distintos
diseños, no es tarea fácil; su lectura requiere
de un conocimiento especializado donde se manejen ciertos códigos
culturales que no son muy accesibles. Distintos especialistas,
interesados en descifrar los mensajes contenidos en la iconografía
textil mapuche, han realizado estudios sistemáticos y
han propuesto modelos de análisis a través de
los cuales es posible establecer distintos niveles de lectura
e interpretación.
Por ejemplo, el investigador Américo Gordon plantea
la existencia de una relación entre iconografía
y relato mítico (Kai?Kai y Tren?Tren). A través
de la revisión, ordenamiento y decodificación
de los motivos contenidos en las fajas de la mujer mapuche,
llega a establecer una analogía entre elementos actores
del mito y la iconografía expresada en las fajas.
Pedro Mege, plantea dos niveles de significación en
los tejidos mapuche, el primero estaría dado por la selección
que se hace de las materias primas utilizadas, pues en ello
percibe una intención, que va más allá
de la funcionalidad técnica. A partir de la síntesis
entre lo funcional y lo simbólico, establece un segundo
nivel de significación que estaría dado por la
relación existente entre destinatario y uso funcional.
Así, por ejemplo, encontramos que el kepam (vestido)
negro es de uso exclusivo de la mujer y la forma en que ella
lo use va a depender si es soltera o casada.
Asimismo, se plantea que la iconografía de los textiles
mapuche expresa el conocimiento de ciertos contenidos culturales,
los cuales son susceptibles de ser leídos por ciertos
individuos especializados, a través de la decodificación
global de las secuencias decorativas expresadas en un tejido.
Desde el punto de vista de las mujeres mapuche que observan
un tejido finamente laboreado y con gran variedad de diseños,
reconocen en él un mensaje que remite al pasado, refiriéndose
a ellos como: «eso lo hacían los antiguo?. Afloran
en su memoria historias contadas por las abuelas: se recuerda
que antes la gente «no tenía educación«,
pero poseía una gran sabiduría que se expresa
en la belleza de sus creaciones; antes la gente se imaginaba
flores, plantas, animales y los representaba en sus tejidos.
A través de los dibujos de un tejido, se podía
contar una historia, o saber la posición social de un
hombre o de una mujer. Estas historias, que aún perviven
en la memoria de las mujeres, nos hablan de cómo un tejido
podía ser concebido para una persona en particular o
para una situación específica; las vestiduras
podían representar una marca, una señal respecto
de la vida de una persona; se podía establecer un diálogo
que era compartido al interior de su sociedad, pero que aparece
indescifrable o carente de significado para los que no pertenecen
a esta cultura. Es decir, un lenguaje que se oculta a los otros,
pero que interpela a través del ocultamiento, estableciendo
fronteras frente aquello que le pertenece.
La constante referencia al pasado, a lo antiguo y la fuerte
valoración que se le da, se mezcla con el desconocimiento
de las generaciones actuales en relación al significado
de los diseños de sus tejidos. Esta situación
nos plantea la existencia de un cruce generacional que habla
en dos sentidos: para los viejos el valor del pasado se expresa
a través del ocultamiento y para los jóvenes los
símbolos contenidos en los textiles mapuche adquieren
un significado totalizador, en tanto símbolos que denotan
su pertenencia a esa cultura.
¿Cómo entender la perdurabilidad en el tiempo
de las formas contenidas en los textiles mapuche y la repetición
infinita de estos símbolos? Obviamente, estamos frente
a formas de resistencia cultural, de un lenguaje que se niega
a desaparecer y aunque no guarde el sentido original que tuvo
para sus creadores primigenios, sí tiene un sentido profundo
que identifica a este pueblo y a sus mujeres que se niegan a
perder la lengua de la tierra, volviendo infinitas veces a mostrarnos
que aún está vigente y que los intentos por negarla
han sido infructuosos.
Abramos entonces nuestra mirada para apreciar la belleza contenida
en estas prendas, volvamos a escuchar los relatos contados por
las abuelas, para que así podamos hacer el tejido de
nuestra propia historia.
10 Para mayor información acerca del proceso
de producción textil consultar: Joseph, Claude, «Los
tejidos araucanos« en revista Universitaria Nº10, Santiago,
Chile, diciembre de 1928, p.978?1033. Del mismo autor: «Plantas
tintóreas de la araucanía«, en revista Chilena
de Historia Natural, año XXXIII, Santiago, Chile, 1929,
p.364?375.
11 Cf. el glosario,
12 Gordon, Américo, «El mito del diluvio tejido en
la faja de la mujer mapuche«, en Actas de lengua y literatura
mapuche, Temuco, Chile, Universidad de la Frontera, octubre 1986,
p.215?223.
13 Mege, Pedro, Arte textil mapuche, Santiago, Chile, Museo Chileno
de Arte Precolombino, 1990.
14 Sepúlveda, Gastón, Troposiciones para un análisis
semiotico de la iconografía textil mapuche', en Boletín
Museo Regional de la Araucanía, Temuco, Chile, Dirección
de Bibliotecas, Archivos y Museos, 1985, p.25?30.
15 Cf. el glosario.
V. VOCABULARIO DE TÉRMINOS EN MAPUDUNGU
En la lengua mapuche (mapudungu) existe un amplio vocabulario
referido a la textilería. Por ejemplo, encontramos denominaciones
que aluden al proceso textil, instrumentos empleados en su factura,
diseños, técnicas, tipos de prendas y sus características.
Estas expresiones, ponen en evidencia la continuidad entre pasado
y presente de una actividad que es parte de ese universo cultural.
I. Instrumentos textiles
aspawe: (del castellano) aspa. Instrumento confeccionado con
tres palos de coligüe, uno como eje central y los otros
dos en forma de cruz opuesta. Se usa para hacer madejas.
chinküd: tortera, pequeña pieza de piedra o greda,
de forma redonda con un orificio al centro. Se coloca en el
extremo inferior del huso y sirve para regularizar los movimientos
giratorios del mismo.
inan ngürewe: el segundo ngürewe. Instrumento de madera
muy pulida que se usa para ir apretando el tejido.
kulíu: huso, instrumento de madera que se usa para hilar.
külowe: travesaños que componen el telar, van ubicados
en forma perpendicular a los largueros y sirven para tensar
los hilos de la urdimbre.
püramtononwe: palitos de colihue, que se ubican en forma
paralela a los largueros del telar y sirven para facilitar el
movimiento del tononwe.
rangingelwe: que está entre. Dos maderas cilíndricas
que se ubican en forma perpendicular a los largueros del telar,
sirven para separar los lisos de la urdimbre.
tononwe: vara de coligüe que sirve para separar los hilos
de la urdimbre, facilitando de este modo el paso de los hilos
de trama.
trape: trenza, de lana o de cuero que se usa para amarrar los
largueros y travesaños del telar.
wichawichalwe: los largueros del telar.
witral telar, se denomina al telar en general, sin hacer distinción
de las partes que lo componen.
II. Proceso textil
weke müll: lana de oveja.
keditun: trasquilar. Cortar la lana a las ovejas.
zhapadkalafun: paletear la lana. Proceso a través del
cual se limpia el vellón de impurezas.
ruwekaln: escarmenar. Proceso de preparación del vellón
antes de ser hilado, consiste en el estiramiento de las fibras.
útokal: rollo de lana, lulo, para comenzar a hilar.
füun: hilar.
püftun: dar vuelta el huso con los dedos.
püftuñimkunn: poner en movimiento el huso.
winúrrün: torcer la lana, estirarla y enrollarla
en el huso.
fü u: hilo.
llañu kal: lana fina.
pichikerume: hilo delgadito para tejer chamanto.
piulo: lana gruesa, se emplea para hacer pontros.
traifi kal: lana gruesa.
wiñü füu: hilo de un torcido. Lana hilada de
una sola hebra.
tünain: hacer madejas el hilo.
lüfüun: mandar a hilar.
peun'ün: torcer el hilo.
trapüm füu: lana torcida. Lana hilada de dos hebras.
wiñúdün: desenredar.
witral: el urdido, al comenzar a tejer. También se denomina
de este modo el telar.
ngüren: el urdido, cuando se está tejiendo.
düwén: tejer.
düwewe: la hebra atravesada del telar. Hebras de trama
ngüpükan: dibujar en tejidos.
ngürenaUmün: trabajar con el ngürewe = ñereo.
Consiste en apretar los hilos de trama de un tejido con un instrumento
de madera que se denomina ngürewe.
ñimikan: laboreo. Proceso a través del cual se
hacen los dibujos en el tejido.
wüñoñaitun: deshacer un tejido empezado.
düpill witral: terminación del tejido.
wachin: coger con trampa; huachicar (vulg) el tejido, asegurar
su borde con un hilo que va en forma de espiral juntando así
los últimos hilos del tejido.
III. Las prendas y sus características
apotrarin makuñ: manta amarrada.
chamallwe: faja chica.
chañantuku: pelero para el caballo, y también
para sentarse. En la actualidad, también es usado como
choapino.
chape: trenza delgadita con que se cierra el bolso.
chiñai: flecos, franjas.
choneu: huincha o cordoncilla que cosían las mujeres
alrededor de sus capas.
chumpitrarüwe: faja de lana con que se ciñen las
mujeres y que por su dibujo se llama chumpi. En las orillas
es de color blanco con negro, y en el centro lleva un dibujo
de color rojo con amarillo.
dümin o ñamin makuñ: manta con dibujos entretejidos.
ngürepran pontro: frazada blanca que no lleva franjas de
colores.
kerka: el tejido en blanco y negro.
kerka kason: pantalones de hilado grueso, blanco y negro.
lama: tejido de hilado grueso y con gran variedad de diseños.
maleta pürapürawe: prevenciones, alforjas que se llevan
en la montura.
nikür makuñ: manta con dibujos blancos, los cuales
se logran a través de un proceso de amarrado de los hilos
con mallo kura para protegerlos de la acción de los tintes
del resto del tejido.
nekür makuñ: manta áspera o de cacique.
ñeren pontro: frazada simple sin dibujos.
ñimin pontro: frazada con dibujo.
pontro: frazada.
rayen makuñ: manta con flores.
trarü lonko: faja o venda que ciñe la frente.
trarüwe: el cinturón (ancho) de las mujeres; cualquier
ceñidor.
wachin: pequeñas trenzas de terminación de un
pontro que van en las cuatro esquinas.
wachíf: tejido de doble faz o que tiene dos lados.
wirin pontro: frazada con franjas de colores.
wirin trariwe: faja o cinturón con franjas de colores.
wüdanpey (üm): abertura del poncho.
IV. Tintes
añiltun: teñir con añil (añil =
rofü = tintura negra que se encuentra en algunas vegas).
chodwekura: tierra para teñir de amarillo.
kallfütun: literalmente sería teñir de color
azul, pero en la actualidad también se usa cuando se
tiñe de color negro.
karülfüun: azular el hilo.
kelün: teñir de colorado.
kulle: con ella se prepara el hilo antes de teñirlo de
rojo.
kumpülli: tierra colorada
kurütun: teñir de negro.
küllai: el árbol quillay, cuya corteza es utilizada
para lavar y para teñir hilo.
lüfo: la romaza, su raíz sirve para teñir
de negro.
mallo kura: piedra parecida a la tiza, con la cual se prepara
una pasta que sirve para cubrir los hilos de la urdimbre. Con
este procedimiento se protegen algunos hilos de la acción
de los tintes, los cuales quedan sin teñir y con los
cuales se forma el dibujo. Se usa para hacer las mantas denominadas
nükür makuñ.
nentun: sacar una muestra (de teñidos).
porkura: piedra parecida a la de azufre y que se usa para teñir
lana de un color amarillo pálido, casi verdoso como limón.
V. Colores
chillko: fucsia.
chod: amarilo.
choüplang: naranjo.
kakéume wirinngelu: multicolor.
kallfú: azul.
karü: verde.
kashü: gris.
kelü: rojo.
kolü: café claro y oscuro, pardo, castaño.
koñolwe: morado.
kurn: rojo oscuro.
kurü: negro.
palao kolü: rosado.
VI. Especialidades textiles
füufe: hilandera.
flirnikafe: mujer que sabe todas las labores de mano.
ñirnife: mujer que domina la técnica del ñimin
VII. Diseños textiles
nümka:
planta
asukura: del castellano azúcar. Diseño geométrico
que se encuentra en variados tipos de prendas y define la denominación
de las mismas: asukura makuñ. Alude a la forma del antiguo
terrón de azúcar.
kopiwe: flor o fruta del kolkópiu.
külpuwe ninun: laboreo con garfio, que se cuelga.
lukutuwe: lugar donde se arrodilla. Este dibujo aparece en las
fajas usadas por las mujeres mapuche y también en algunas
mantas. Su significado remite a la esfera de lo religioso.
mauñimin:
cadenilla.
mawida:
montaña «árbol que está plantado
y que brotan todas sus ramas«.
nge-nge:
ojitos
pichikemenkúe:
cantaritos.
rayen:
flor.
relmu
ñimin: dibujo con rayas como las del arco iris.
sipuela:
del castellano espuela.
trarin
ñimin: dibujo amarrado, «como que está agarrado«.
wangülen:
estrella.
weIungüsef:
cruzado, trenzado, encajado.
willodmawe
ñomin: laboreo enrollado «abraza con el garabatito«.
wiriweI:
escrito, con rayas. Líneas oblicuas y paralelas del tejido
en cuyo centro casi siempre va otro dibujo.
Angélica Willson A.
Ediciones CEDEM, Colección Artes y Oficios Nº3
CENTRO DE ESTUDIOS PARA EL DESARROLLO DE LA MUJER
Purísima 305, Santiago de Chile
Fono /Fax 777 2297
ISBN 956?7236?01?1
Edición libro
Ó Inscripción Nº 83.107, 1992
Colección Artes y Oficios Nº 3
Diseño gráfico: Juan Carlos Ramírez
Fotografía: Angélica Willson A.
Foto portada: Colección Textil Museo Regional de la Araucanía
Imprenta Arancibia Hnos. y Cía Ltda.
Edición Digital: Agustín Ruiz y Heddy Navarro
División de Cultura, diciembre de 2001
Reproducción de texto completo, parcialmente ilustraciones
Edición Web:
Ser Indígena, abril de 2002
Reproducción de texto completo, parcialmente ilustraciones.
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